Así nació Magic in the Attic

Esto no empezó con un plan de negocio ni con una inversión. Empezó con frustración.

Llevaba tiempo buscando regalos que tuvieran personalidad — algo friki pero con criterio, algo cute pero no soso, algo que se notara que alguien había pensado en la persona que lo iba a recibir. Para bebés, para amigas, para la gente que me importa. Y no lo encontraba. Lo que había era o demasiado genérico, o demasiado mediocre, o simplemente no tenía ninguna gracia.

Así que un día decidí hacerlo yo.

Sin experiencia previa. Sin equipo. Sin un espacio de trabajo bonito ni horas de sobra. Solo yo, una Cricut, mucha paciencia y las ganas de que cada cosa que saliera de mis manos estuviera bien hecha.

Magic in the Attic nació de noche, después de acostar a mi hija. Es el momento del día en que la casa se queda en silencio y puedo pensar, crear y hacer. No es el momento más glamuroso del mundo — hay café frío, ojeras, las mesa llena de papeles, alguna que otra mancha en el pijama y música rock y heavy de fondo — pero es mío. Y eso tiene mucho valor cuando el resto del día pertenece a todo lo demás.

El nombre lo dice todo. Un ático lleno de magia — cosas especiales que no encuentras en cualquier sitio, hechas con cuidado, pensadas para alguien concreto.

Aquí no hay stock masivo ni pedidos automatizados. Cada body lo plancho yo. Cada taza la sublimo yo. El packaging también lo hago desde cero. Si me pides algo con el nombre de tu bebé, lo hago yo — y me importa que llegue bien y que te guste.

Dos años después sigo haciéndolo de noche, sola, con lo que tengo. Y cada pedido que sale por esa puerta me recuerda por qué empecé.

Bienvenidos al ático.

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